jueves, 31 de enero de 2013

Al fin alguien dice algo


Como todos sabemos en la Universidad del Quindío, acaba de hacerse público en informe de auditoría de la Contraloría Departamental.

En este informe en el numeral 11 titulado “Conflicto de intereses de la Unidad de Virtualización” se muestra la posible irregularidad cometida por la administración de la Universidad.

Al margen de la situación administrativa y legal o de la “.. Posible incidencia disciplinaria”(página 22), según dice el informe, es bueno recordar cómo se llegó a tal situación.

La Facultad de Educación desde el año 2000 venía trabajando en los procesos de virtualidad en la Universidad del Quindío, objetivo que se materializa con la creación del Aula virtual. En el año 2006 se vislumbró la posibilidad de ampliar este proyecto para que tuviera una cobertura más global en la Institución.  Es así, como se elabora el proyecto de creación de la Unidad de Virtualización. Proyecto que presentamos varios  profesores (En el que no participó el profesor Jairo Londoño)  y que fue presentado en el Consejo de Facultad y luego en el Consejo Académico, este último lo avaló para ser presentado en el Consejo Superior.  Justo en ese momento se iniciaba la primera Administración del profesor  Alfonso Londoño.

De manera arbitraria y desconociendo el grupo que venía trabajando en este proyecto, el rector designó a su hermano para que  coordinara (se “apropiara”) del proyecto en menosprecio del equipo que venía laborando desde años atrás. La Contraloría dice: Conflicto de intereses, bueno realmente este organismo lo determinará, pero lo que sí está claro es la forma como casi dictatorialmente se obró para beneficiar a un pariente pasando por encima del grupo de docentes.

Como el más directamente implicado en esta acción del Rector, me produce cierto alivio el que la Contraloría se pronuncie al respecto. Es de entender que es solo un pronunciamiento que a lo mejor no conduce a nada, pero en fin significa que alguien dijo algo. En su momento lo denuncie, pero para ese entonces el Decano estaba pensando en la jubilación, y el sindicato de profesores no puso atención al asunto dado que sostenía con la administración una amistad, la cual resultó ser temporal.

Ojala, que en este caso, no pase como en muchas ocasiones que la Contraloría termina por “tener orejas de pescado”.