martes, 8 de mayo de 2018

Que el festejo no impida ver las falencias.

Por estos días estamos saboreando las mieles del triunfo con la renovación de acreditación de calidad de nuestra licenciatura y la certificación de calidad de la Universidad.

Indudablemente son días felices, son días de festejos y celebraciones en una especie de euforia colectiva, que toca a toda la comunidad académica y en general a la sociedad quindiana.

Pero, en medio de este festejo es importante no perder la cordura.  Aún en estado de resaca, debemos pensar que la acreditación de la Universidad es por 4 años, pero un año antes hay que entregar documentación para renovación por tanto son solo tres años en los cuales hay que emprender acciones mejoradoras. De esos tres años ya se agotó un mes de festejo. Y como es sabido, tal como en las competencias ciclísticas, entre más se asciende más difícil es hacer diferencia con respecto a las mediciones anteriores.

Ahora bien, en nuestro programa, si bien es cierto estamos de jolgorio por alcanzar por un mayor periodo de tiempo la renovación de la acreditación, es importante no bajar la bandera y analizar un poco más a fondo.

La renovación de la acreditación de calidad se da por  varias razones entre ellas una participación colectiva de docentes que ha permitido engrosar los indicadores de investigación y extensión, por la formación de docentes y por la producción académica, que de igual manera ha mejorado las estadísticas. Todo ello soportado por un grupo de acreditación que de manera juiciosa, año tras año, e ítem por ítem,  ha estado pendiente del seguimiento de este proceso.

Pero, y acá viene lo interesante de este análisis, no podemos perder de vista las falencias que se tienen y que, por no hacer de aguafiestas, ninguno se atreve a mencionarlas. Quiero llamar la atención en aspectos susceptibles de mejorar, en nuestras debilidades, en lo que sucede cuando el tapete rojo de las visitas de pares no está tendido.

Nuestro programa de calidad, en una Universidad de calidad tiene problemas, le invito a pensar en algunos de ellos, vale la pena plantear algunos interrogantes como:      
  • Cuando lo típico ha sido recibir en el programa a quien se presente, ¿Que hacer para mejorar la selección de estudiantes?. ¿Qué estrategias permitirían una mayor demanda del programa para mejorar la selección?
  •  Es sabido, que nos hemos cubierto con el manto de la didáctica y la pedagógica para justificar las falencias en matemáticas,  ¿Cómo mejorar la calidad de la formación en matemáticas?
  •  En algunos cursos que se ofrecen en diferentes programas, los estudiantes de nuestra licenciatura son vistos como “ciudadanos de segunda” dado el nivel que se maneja frente a otros programas. ¿Cómo lograr que los estudiantes de matemáticas tengan el nivel que deben tener en un programa donde las matemáticas son objeto de estudio?.

  •  ¿Cómo luchar contra el paternalismo que propicia la mediocridad en la formación?
  •  ¿Cómo hacer que algunos docentes dejen de ser indiferentes a las actividades, políticas, planes y en general a la vida activa de la licenciatura en Matemáticas?
  • La financiación de los proyectos de investigación se ha convertido en una competencia entre docentes  grupos de investigación ¿Cómo mejorar la participación en el  presupuesto de investigación?
  • Ante una reducción sistemática de dinero para las salidas, ¿Cómo mejorar el presupuesto de movilidad de docentes y estudiantes?
  • ¿Qué hacer para que las matemáticas como área sean gestionadas bajo el concepto de departamento?
  • Es sabido que nuestros docentes están en tiempo de jubilación, entonces ¿Qué hacer para fortalecer el colectivo de docentes de planta?
Estos interrogantes no necesariamente tienen respuesta trivial, o mejor la solución no es una solución fácil de implementar, muy seguramente se requiere de un equipo de trabajo, de exigir a los organismos de administración y de tocar los corazones de todos, absolutamente de todos, para buscar el mejoramiento continuo que exige un programa de calidad. Por eso pasada la resaca de la celebración que empiece la acción.

EDGAR JAVIER CARMONA SUAREZ
Docente